La necesidad de lo inútil. Filosofía, arte e historia en la cultura empresarial
Nuccio Ordine, en su profunda exploración de lo que él denomina conocimiento "inútil", nos desafía a replantearnos lo que valoramos en la educación, el trabajo y la vida.
Su trabajo revela el poder infravalorado de disciplinas como las artes, la filosofía, la historia y la música, ámbitosque a menudo se tachan de poco prácticos en el mundo acelerado y orientado a los resultados en el que vivimos. Sin embargo, son precisamente estos campos los que encierran las claves para desbloquear una creatividad más profunda, colaboraciones más significativas y una cultura del lugar de trabajo arraigada en la curiosidad y la innovación.
El argumento de Ordine es sencillo pero revolucionario: el valor no siempre se deriva de la utilidad. Para las empresas, esto significa que invertir en disciplinas que quizá no repercutan directamente en los beneficios a corto plazo puede tener profundos efectos a largo plazo. Cuando los empleados se interesan por el arte o la literatura, cuando se plantean cuestiones filosóficas o se sumergen en la historia, empiezan a ver el mundo -y su trabajo- desde una perspectiva más amplia. Esta perspectiva ampliada no sólo enriquece sus vidas personales, sino que transforma su forma de abordar problemas complejos, allanando el camino para una innovación inesperada.
Impulsando la creatividad y la resolución de problemas
Las artes y las humanidades fomentan precisamente los rasgos que hacen prosperar a los equipos: la creatividad, la perspectiva y la empatía. Por ejemplo, estudiar filosofía fomenta el pensamiento crítico y la capacidad de examinar ideas desde múltiples ángulos. La historia nos dota de la sabiduría de la retrospectiva, ayudándonos a comprender el contexto y a aprender de las pautas del pasado. La música y las artes encienden nuestra imaginación, dándonos el valor de pensar más allá de lo convencional. Estas disciplinas cultivan mentes ágiles y adaptables, capacidades indispensables en un lugar de trabajo donde el cambio es la única constante.
Considérelo en un contexto empresarial. Un equipo que ha participado en disciplinas artísticas tiene más probabilidades de cuestionar suposiciones, generar ideas nuevas y colaborar de forma significativa. Compartir experiencias creativas -un concierto, una exposición de arte, un diálogo sobre literatura- conlleva una vulnerabilidad y una apertura que se traducen en una confianza y una comunicación más profundas dentro de los equipos.
Hacia una cultura laboral más enriquecedora
Más allá de los resultados prácticos, las humanidades fomentan una cultura del trabajo basada en valores humanos compartidos. La filosofía nos enseña a abordar las conversaciones con curiosidad en lugar de juzgarlas. ¿Cuán poderosa podría ser esta mentalidad en una reunión de equipo o en una negociación?
La literatura y el arte profundizan la empatía nos permiten ponernos en el lugar de los demás, ya sean colegas, clientes o comunidades. La historia nos recuerda nuestra interconexión y el impacto de nuestras decisiones en el futuro.
Ordine sugiere que estas disciplinas cultivan un sentido del ser que a menudo falta en entornos dominados por los datos y los plazos. Al priorizar el crecimiento humano junto con el desarrollo profesional, las empresas pueden crear espacios donde los empleados se sientan valorados no solo por lo que hacen, sino por lo que son.
Innovación inesperada y crecimiento personal
La paradoja del conocimiento «inútil» es que a menudo produce los resultados más sorprendentes y gratificantes. Los empleados que han pasado tiempo reflexionando sobre cuestiones filosóficas o tratando de entender el significado de una novela son más propensos a abordar los retos empresariales con ideas nuevas y audaces. Este es el tipo de innovación que las empresas buscan pero no pueden forzar: el crecimiento provocado por el enriquecimiento personal y la curiosidad.
“El conocimiento humanístico, la cultura y la educación constituyen el líquido amniótico ideal en el que las ideas de democracia, libertad, justicia, laicidad, igualdad, derecho a la crítica, tolerancia, solidaridad y bien común pueden gozar de un vigoroso desarrollo.”
Promover estas disciplinas en el lugar de trabajo puede implicar ofrecer experiencias como talleres culturales, sesiones de cuentacuentos o incluso actos sencillos como dejar espacio para el diálogo creativo. Estas inversiones envían un mensaje claro a los empleados de que su desarrollo es importante, no sólo en el sentido profesional, sino también en el personal y humano. Y cuando los empleados se sienten enriquecidos, aportan lo mejor de sí mismos al trabajo.
Una llamada a la acción
Nuccio Ordine nos recuerda que las mejores ideas suelen surgir cuando tenemos libertad para explorar, imaginar y reflexionar. Las empresas tienen una oportunidad extraordinaria de liderar la creación de espacios de trabajo más reflexivos, inclusivos e innovadores invirtiendo en humanidades, no como un lujo, sino como una necesidad.
El arte, la filosofía, la historia y la música no son solo disciplinas; son instrumentos que nos conducen al descubrimiento. Las empresas adquieren algo mucho más valioso que los resultados inmediatos: cultivan un entorno donde los empleados crecen, las organizaciones evolucionan y el mundo se enriquece con un poco más de conocimiento.
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